Columna OLRM en Sello Vertebral: Aún tenemos tiempo: Subempleo Joven en la región Metropolitana
Aún tenemos tiempo: Subempleo joven en la Región Metropolitana

El invierno también llegó al mercado laboral de la Región Metropolitana, mostrando signos evidentes de enfriamiento. El último Termómetro Laboral,
correspondiente al trimestre marzo-abril-mayo de 2025, da cuenta de una disminución de 0,2% en la población ocupada en comparación con el mismo período del año anterior. En paralelo, la tasa de desocupación aumentó 0,9 puntos porcentuales,
alcanzando un preocupante 9,5%. Si bien esta cifra no marca una ruptura con la tendencia de los últimos años, sí nos obliga a preguntarnos: ¿quiénes están absorbiendo los costos de esta aparente estabilidad?
Los datos muestran que uno de los grupos más afectados por esta situación son los jóvenes
profesionales -específicamente, quienes tienen 29 años o menos y han cursado educación superior. En este segmento, la tasa de desempleo alcanza el 15,2%.
Esta cifra no solo alerta sobre el acceso al empleo, sino también sobre su calidad: estamos frente a un fenómeno persistente de subocupación, donde personas con educación superior ingresan a empleos que no requieren las competencias adquiridas durante sus años de estudio.
En la Región Metropolitana, uno de cada cinco jóvenes egresados de la universidad se encuentra en situación de subocupación. Esto representa un doble impacto: por un lado, para los jóvenes profesionales, que ven frustradas las promesas de movilidad social que la educación superior les ofrecía; y por otro, para aquellas personas que sí cuentan con las calificaciones adecuadas para ciertas ocupaciones, pero que son desplazadas por trabajadores sobrecalificados. Ambos escenarios alimentan una sensación creciente de malestar y descontento.
Pero más allá de los efectos individuales, el fenómeno tiene profundas implicancias estructurales. Desde una mirada macroeconómica, la subocupación limita el desarrollo de la región, pues se desaprovecha el potencial de miles de personas que, aun estando activas en el mercado laboral, no están logran desarrollarse laboralmente. Además, contribuye al aumento del desempleo de larga duración: cuando una persona no encuentra oportunidades acordes a sus competencias, es comprensible que extienda su búsqueda. No es casualidad que, en el último año, la proporción de personas desocupadas por más de 12 meses aumentara en 4 puntos porcentuales, alcanzando el 18,1% del total de desempleados en la RM.
¿Estamos a tiempo de revertir esta tendencia? La respuesta es sí. A diferencia de hace quince años, hoy contamos con mejores herramientas e instancias de articulación entre actores clave: Estado, empresas, trabajadores e instituciones educativas. Un ejemplo concreto es la red de Observatorios Laborales que, desde una lógica regional, entrega información relevante y oportuna sobre el comportamiento del mercado del trabajo. A esto se suman los Consejos Regionales de Capacitación, que incorporan una mirada tripartita y territorial para orientar los procesos de formación. Y, por último, las propias instituciones de educación superior -particularmente del subsistema técnico-profesional- están utilizando esta información prospectiva para ajustar su oferta formativa, en línea con las necesidades del entorno productivo.
El desafío del subempleo juvenil no se resuelve con una única política ni con diagnósticos aislados. Se requiere un trabajo coordinado, sostenido en el tiempo y basado en evidencia.
Desde el Observatorio Laboral de la Región Metropolitana, creemos firmemente que aún hay margen para actuar. Pero ese margen se reduce si no avanzamos decididamente hacia la construcción de soluciones conjuntas que promuevan la empleabilidad joven y, con ello, el desarrollo económico y social de la región.