El doble desafío del éxito: Historias de la comunidad que transformó el trabajo en su aula

Detrás de las ceremonias de titulación, cuatro integrantes de nuestra casa de estudios comparten el camino de perseverancia, apoyo familiar y superación que los llevó a conquistar sus títulos profesionales.
Área:
Admisión y Comunicaciones
Sede:
Antofagasta

La obtención de un título profesional es, por definición, la culminación de un proceso de exigencia académica. Sin embargo, cuando el viaje formativo se cruza directamente con el compromiso laboral dentro de la misma institución o en industrias de alta exigencia, el logro adquiere una dimensión profundamente humana. Compatibilizar los libros con las responsabilidades diarias, los plazos de entrega con las jornadas laborales y el tiempo familiar con los turnos, es un arte que requiere tanto coraje como templanza. Hoy, cuatro de nuestros propios compañeros de trabajo y de comunidad nos abren las puertas de sus historias para recordar que las metas más altas siempre se construyen en colectivo.

Nicolás Alejandro Lobos Salazar

Edad: 24 años | Título obtenido: Ingeniero en Informática (Universidad Tecnológica de Chile UTC) | Entorno familiar: Originario de Vallenar; hermano de tres y orgulloso hijo de padres agricultores | Presente laboral: Asistente Curricular en la Sede

Desde el interior profundo de Vallenar, donde sus padres y su abuela trabajan la tierra y cultivan las tradiciones de su zona, Nicolás llegó con el norte claro: adentrarse en el mundo de la computación. Su ingreso coincidió con los complejos años de la pandemia, obligándolo a cursar casi tres años de manera virtual, un formato exigente que sorteó con brillantez gracias a su disciplina. El esfuerzo rindió sus mejores frutos: Nicolás se corona como el mejor promedio de su promoción dentro de la última generación de la UTC.

Para él, la Sede se transformó en su segundo hogar, no solo como estudiante, sino como un colaborador muy querido en el área curricular. Con una familia distribuida en el norte y sur del país, el joven profesional atesora cada logro con humildad y ya planifica sus próximas vacaciones en el campo familiar. Su expectativa actual es seguir consolidándose en la institución, nutriéndose de la experiencia diaria y del afecto de un equipo de trabajo que celebra su excelencia.

“Quise estudiar porque me gustaba la relación con los computadores. Hoy trabajo acá como asistente curricular, rodeado de buenas amistades y adquiriendo una experiencia hermosa”.

María Fernanda Santana López

Edad: 39 años | Título obtenido: Ingeniera en Administración de Empresas | Entorno familiar: Madre, hermano, pareja y tíos (con el recuerdo eterno de su padre y abuelos) | Presente laboral: Profesional en desarrollo activo y colaboradora institucional

A sus 39 años, María Fernanda representa la madurez, la perseverancia y la gratitud. Su vínculo con la sede nació mucho antes de ser alumna; motivada por el deseo de pertenecer a la institución, dejó su currículum en la biblioteca, lugar donde comenzó a trabajar y que recuerda con un cariño inmenso. Fue ese mismo ambiente colaborativo el que la inspiró a dar el paso formativo, primero graduándose como Técnico en Administración de Empresas y, posteriormente, decidiéndose a cursar la ingeniería para expandir sus horizontes y adquirir nuevas herramientas.

Vivir la institución desde la doble vereda —como estudiante y como colaboradora— le otorgó una visión integral, puliendo sus competencias en atención al usuario, organización y trabajo en equipo. Para María Fernanda, el ambiente de la sede destaca por su cercanía y el compromiso de sus docentes. Con el corazón puesto en el cielo en memoria de su padre y abuelos, quienes sembraron las bases de su ética personal, hoy se enfoca en aplicar lo aprendido en proyectos que generen un valor real para las personas y las organizaciones. “Haber comenzado como Técnico y luego continuar hasta la ingeniería representa mucho esfuerzo y perseverancia. Significa cerrar una etapa importante y abrir nuevas oportunidades”.

Macarena Cruz Ortiz

Edad: 39 años | Título obtenido: Ingeniera en Administración de Empresas | Entorno familiar: Hija única; apoyada por sus padres y su pareja | Presente laboral: Analista de Contabilidad en la Sede La historia de Macarena — “Makita”, como la llaman cariñosamente sus colegas— es una lección sobre el valor del impulso colectivo. Tras haber obtenido su título técnico seis años atrás, la idea de volver a estudiar la ingeniería le parecía lejana y compleja debido al tiempo que demandaba fuera del hogar. Sin embargo, el persistente aliento de sus compañeras de oficina en Finanzas y Cobranzas terminó por convencerla. El retorno no estuvo exento de dificultades: adaptarse a un entorno completamente digital tras años fuera de las aulas fue un reto que logró superar gracias al cobijo de un excelente grupo de compañeras de estudio.

“Fue un poco cansador trabajar y estudiar, pero siento que valió la pena. ¡Ahora soy ingeniera, ni yo me lo creía!”, confiesa con una alegría desbordante. Su crecimiento no se ha detenido; recientemente asumió el desafío como Analista de Contabilidad, lidiando con nuevos y complejos sistemas informáticos que, aunque confiesa que le generan estrés, la llenan de una profunda satisfacción profesional. La felicidad de Macarena se completa con el orgullo de sus padres, quienes viajaron desde Calama para acompañarla en este hito, y de su pareja, un pilar fundamental en cada noche de estudio.

Angelo Antonio Valladares Avilés

Edad: 22 años | Título obtenido: Ingeniero en Mecánica y Electromovilidad Automotriz | Entorno familiar: Vive junto a sus padres | Presente laboral: FCAB (Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia)

La vocación de Angelo no llegó de forma convencional. Tras egresar de un liceo científico-humanista, barajó opciones tan dispares como la medicina veterinaria y la gastronomía, hasta que una profunda reflexión personal lo empujó hacia un territorio inexplorado: la mecánica.

Enfrentándose al desafío desde cero, Angelo descubrió una singular analogía que definió su paso por las aulas: “Siempre he comparado la mecánica con la medicina; un auto es como un cuerpo humano donde cada pieza y cada detalle puede hacer que el sistema falle completamente”.

Guiado por el prestigio del área, ingresó a la sede, integrándose a un grupo humano sólido y unido. Su necesidad de trabajar lo llevó hasta la biblioteca, un rincón que no solo le dio un sustento, sino que le abrió las puertas a amistades entrañables. Posteriormente, su entusiasmo lo transformó en un rostro familiar en las actividades de la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAE) y el área curricular, participando activamente en aniversarios e hitos institucionales. Hoy, con los pies firmes en su nuevo puesto en FCAB, Angelo mira hacia el horizonte con la meta clara de proyectar su carrera en Canadá, abrazando la emoción de una meta cumplida gracias al respaldo incondicional de sus padres y a su propia templanza.

Comunidad, Esfuerzo y Futuro

Estas cuatro trayectorias, con sus distintos matices, orígenes y especialidades, convergen en un punto fundamental: el éxito no se alcanza en aislamiento. Angelo, Nicolás, Macarena y María Fernanda personifican el espíritu de superación que da sentido a nuestra comunidad educativa.

Al compatibilizar sus jornadas laborales con las exigencias académicas, no solo transformaron sus propias realidades y llenaron de orgullo a sus familias, sino que también inspiran a toda la sede. Sus nuevos títulos profesionales no son solo cartones que certifican conocimientos; son testimonios vivientes de que, con el entorno adecuado, redes de apoyo sólidas y una voluntad inquebrantable, cualquier meta está al alcance de la mano. ¡Felicitaciones a nuestros profesionales!

Antofagasta, julio de 2026

La obtención de un título profesional es, por definición, la culminación de un proceso de exigencia académica. Sin embargo, cuando el viaje formativo se cruza directamente con el compromiso laboral dentro de la misma institución o en industrias de alta exigencia, el logro adquiere una dimensión profundamente humana. Compatibilizar los libros con las responsabilidades diarias, los plazos de entrega con las jornadas laborales y el tiempo familiar con los turnos, es un arte que requiere tanto coraje como templanza. Hoy, cuatro de nuestros propios compañeros de trabajo y de comunidad nos abren las puertas de sus historias para recordar que las metas más altas siempre se construyen en colectivo.

Nicolás Alejandro Lobos Salazar

Edad: 24 años | Título obtenido: Ingeniero en Informática (Universidad Tecnológica de Chile UTC) | Entorno familiar: Originario de Vallenar; hermano de tres y orgulloso hijo de padres agricultores | Presente laboral: Asistente Curricular en la Sede

Desde el interior profundo de Vallenar, donde sus padres y su abuela trabajan la tierra y cultivan las tradiciones de su zona, Nicolás llegó con el norte claro: adentrarse en el mundo de la computación. Su ingreso coincidió con los complejos años de la pandemia, obligándolo a cursar casi tres años de manera virtual, un formato exigente que sorteó con brillantez gracias a su disciplina. El esfuerzo rindió sus mejores frutos: Nicolás se corona como el mejor promedio de su promoción dentro de la última generación de la UTC.

Para él, la Sede se transformó en su segundo hogar, no solo como estudiante, sino como un colaborador muy querido en el área curricular. Con una familia distribuida en el norte y sur del país, el joven profesional atesora cada logro con humildad y ya planifica sus próximas vacaciones en el campo familiar. Su expectativa actual es seguir consolidándose en la institución, nutriéndose de la experiencia diaria y del afecto de un equipo de trabajo que celebra su excelencia.

“Quise estudiar porque me gustaba la relación con los computadores. Hoy trabajo acá como asistente curricular, rodeado de buenas amistades y adquiriendo una experiencia hermosa”.

María Fernanda Santana López

Edad: 39 años | Título obtenido: Ingeniera en Administración de Empresas | Entorno familiar: Madre, hermano, pareja y tíos (con el recuerdo eterno de su padre y abuelos) | Presente laboral: Profesional en desarrollo activo y colaboradora institucional

A sus 39 años, María Fernanda representa la madurez, la perseverancia y la gratitud. Su vínculo con la sede nació mucho antes de ser alumna; motivada por el deseo de pertenecer a la institución, dejó su currículum en la biblioteca, lugar donde comenzó a trabajar y que recuerda con un cariño inmenso. Fue ese mismo ambiente colaborativo el que la inspiró a dar el paso formativo, primero graduándose como Técnico en Administración de Empresas y, posteriormente, decidiéndose a cursar la ingeniería para expandir sus horizontes y adquirir nuevas herramientas.

Vivir la institución desde la doble vereda —como estudiante y como colaboradora— le otorgó una visión integral, puliendo sus competencias en atención al usuario, organización y trabajo en equipo. Para María Fernanda, el ambiente de la sede destaca por su cercanía y el compromiso de sus docentes. Con el corazón puesto en el cielo en memoria de su padre y abuelos, quienes sembraron las bases de su ética personal, hoy se enfoca en aplicar lo aprendido en proyectos que generen un valor real para las personas y las organizaciones. “Haber comenzado como Técnico y luego continuar hasta la ingeniería representa mucho esfuerzo y perseverancia. Significa cerrar una etapa importante y abrir nuevas oportunidades”.

Macarena Cruz Ortiz

Edad: 39 años | Título obtenido: Ingeniera en Administración de Empresas | Entorno familiar: Hija única; apoyada por sus padres y su pareja | Presente laboral: Analista de Contabilidad en la Sede La historia de Macarena — “Makita”, como la llaman cariñosamente sus colegas— es una lección sobre el valor del impulso colectivo. Tras haber obtenido su título técnico seis años atrás, la idea de volver a estudiar la ingeniería le parecía lejana y compleja debido al tiempo que demandaba fuera del hogar. Sin embargo, el persistente aliento de sus compañeras de oficina en Finanzas y Cobranzas terminó por convencerla. El retorno no estuvo exento de dificultades: adaptarse a un entorno completamente digital tras años fuera de las aulas fue un reto que logró superar gracias al cobijo de un excelente grupo de compañeras de estudio.

“Fue un poco cansador trabajar y estudiar, pero siento que valió la pena. ¡Ahora soy ingeniera, ni yo me lo creía!”, confiesa con una alegría desbordante. Su crecimiento no se ha detenido; recientemente asumió el desafío como Analista de Contabilidad, lidiando con nuevos y complejos sistemas informáticos que, aunque confiesa que le generan estrés, la llenan de una profunda satisfacción profesional. La felicidad de Macarena se completa con el orgullo de sus padres, quienes viajaron desde Calama para acompañarla en este hito, y de su pareja, un pilar fundamental en cada noche de estudio.

Angelo Antonio Valladares Avilés

Edad: 22 años | Título obtenido: Ingeniero en Mecánica y Electromovilidad Automotriz | Entorno familiar: Vive junto a sus padres | Presente laboral: FCAB (Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia)

La vocación de Angelo no llegó de forma convencional. Tras egresar de un liceo científico-humanista, barajó opciones tan dispares como la medicina veterinaria y la gastronomía, hasta que una profunda reflexión personal lo empujó hacia un territorio inexplorado: la mecánica.

Enfrentándose al desafío desde cero, Angelo descubrió una singular analogía que definió su paso por las aulas: “Siempre he comparado la mecánica con la medicina; un auto es como un cuerpo humano donde cada pieza y cada detalle puede hacer que el sistema falle completamente”.

Guiado por el prestigio del área, ingresó a la sede, integrándose a un grupo humano sólido y unido. Su necesidad de trabajar lo llevó hasta la biblioteca, un rincón que no solo le dio un sustento, sino que le abrió las puertas a amistades entrañables. Posteriormente, su entusiasmo lo transformó en un rostro familiar en las actividades de la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAE) y el área curricular, participando activamente en aniversarios e hitos institucionales. Hoy, con los pies firmes en su nuevo puesto en FCAB, Angelo mira hacia el horizonte con la meta clara de proyectar su carrera en Canadá, abrazando la emoción de una meta cumplida gracias al respaldo incondicional de sus padres y a su propia templanza.

Comunidad, Esfuerzo y Futuro

Estas cuatro trayectorias, con sus distintos matices, orígenes y especialidades, convergen en un punto fundamental: el éxito no se alcanza en aislamiento. Angelo, Nicolás, Macarena y María Fernanda personifican el espíritu de superación que da sentido a nuestra comunidad educativa.

Al compatibilizar sus jornadas laborales con las exigencias académicas, no solo transformaron sus propias realidades y llenaron de orgullo a sus familias, sino que también inspiran a toda la sede. Sus nuevos títulos profesionales no son solo cartones que certifican conocimientos; son testimonios vivientes de que, con el entorno adecuado, redes de apoyo sólidas y una voluntad inquebrantable, cualquier meta está al alcance de la mano. ¡Felicitaciones a nuestros profesionales!