Docente de INACAP Iquique comparte su historia de resiliencia y transformación tras enfrentar un preinfarto en plena pandemia

En marzo de 2020, cuando el país comenzaba a adaptarse a los primeros efectos de la pandemia, Jean Massa, docente del Área de Minería de INACAP Sede Iquique, tomó una decisión guiada por lo que él describe como una “corazonada”: dejar Santiago junto a su familia e iniciar un nuevo rumbo en el norte del país. Con proyectos profesionales vinculados a la capacitación en minería y con su hijo iniciando sus estudios universitarios, el traslado representaba un desafío y una oportunidad. Nadie imaginaba que, en cuestión de días, el mundo cambiaría por completo.
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Iquique

Con la expansión del COVID-19, las reuniones fueron suspendidas, los planes quedaron congelados y los proyectos en pausa indefinida. “Por primera vez en años, todo se volvió incierto. Yo, que estaba acostumbrado a la planificación rigurosa y al control estratégico, tuve que enfrentarme a una incertidumbre absoluta. Fue un golpe silencioso pero profundo: el mundo se detenía, y con él también parte de mi vida profesional”, reflexionó Massa.

Sin embargo, el desafío más duro estaba por venir. En noviembre de ese mismo año, durante un paseo en bicicleta, sintió un dolor repentino en el pecho, dificultad al respirar y un mareo que lo obligó a detenerse. Minutos después recibió el diagnóstico que nadie quiere escuchar: preinfarto con lesión de tres vasos. Aquella situación marcó un antes y un después.

“Hasta ese momento mi vida había sido una carrera constante, llena de responsabilidades y metas. Pero ese día el calendario se detuvo”, recordó. Un mes más tarde enfrentó una cirugía a corazón abierto en Antofagasta, intervención que no solo salvó su vida, sino que, como él describe, “abrió un nuevo propósito”.

El proceso de recuperación fue lento, exigente y profundamente transformador. “Mientras despertaba en la sala de recuperación, entendí que no podía seguir viviendo de la misma manera. Sentí que la vida me estaba entregando una segunda oportunidad. No era solo un nuevo latido; era un nuevo propósito”, expresó.

Esa convicción lo llevó a replantear su futuro. A los 50 años decidió dejar atrás los pasillos corporativos para dedicarse completamente a la docencia, con el firme propósito de acompañar, inspirar y aportar desde su experiencia personal. Posteriormente comenzó a realizar charlas motivacionales donde comparte no solo conocimientos técnicos, sino también una mirada humana sobre la resiliencia y la capacidad de reinventarse.

“Descubrí que mi historia podía tocar corazones. Nunca es tarde para empezar de nuevo; los 50 pueden ser el punto de partida más valiente. La mente es capaz de llevarnos donde el miedo no quiere que vayamos”, concluyó

INACAP Sede Iquique, febrero de 2026

Con la expansión del COVID-19, las reuniones fueron suspendidas, los planes quedaron congelados y los proyectos en pausa indefinida. “Por primera vez en años, todo se volvió incierto. Yo, que estaba acostumbrado a la planificación rigurosa y al control estratégico, tuve que enfrentarme a una incertidumbre absoluta. Fue un golpe silencioso pero profundo: el mundo se detenía, y con él también parte de mi vida profesional”, reflexionó Massa.

Sin embargo, el desafío más duro estaba por venir. En noviembre de ese mismo año, durante un paseo en bicicleta, sintió un dolor repentino en el pecho, dificultad al respirar y un mareo que lo obligó a detenerse. Minutos después recibió el diagnóstico que nadie quiere escuchar: preinfarto con lesión de tres vasos. Aquella situación marcó un antes y un después.

“Hasta ese momento mi vida había sido una carrera constante, llena de responsabilidades y metas. Pero ese día el calendario se detuvo”, recordó. Un mes más tarde enfrentó una cirugía a corazón abierto en Antofagasta, intervención que no solo salvó su vida, sino que, como él describe, “abrió un nuevo propósito”.

El proceso de recuperación fue lento, exigente y profundamente transformador. “Mientras despertaba en la sala de recuperación, entendí que no podía seguir viviendo de la misma manera. Sentí que la vida me estaba entregando una segunda oportunidad. No era solo un nuevo latido; era un nuevo propósito”, expresó.

Esa convicción lo llevó a replantear su futuro. A los 50 años decidió dejar atrás los pasillos corporativos para dedicarse completamente a la docencia, con el firme propósito de acompañar, inspirar y aportar desde su experiencia personal. Posteriormente comenzó a realizar charlas motivacionales donde comparte no solo conocimientos técnicos, sino también una mirada humana sobre la resiliencia y la capacidad de reinventarse.

“Descubrí que mi historia podía tocar corazones. Nunca es tarde para empezar de nuevo; los 50 pueden ser el punto de partida más valiente. La mente es capaz de llevarnos donde el miedo no quiere que vayamos”, concluyó