La lectura como herramienta al servicio de la innovación

La educación técnico-profesional ha centrado históricamente su esfuerzo en el desarrollo de competencias procedimentales. Sin embargo, la comprensión lectora y la capacidad de interpretar textos especializados son habilidades transversales que impactan directamente en el desempeño laboral del egresado. La mediación lectora —entendida como la intervención pedagógica que facilita el encuentro significativo entre el lector y el texto— ofrece una vía concreta para fortalecer estas competencias en el aula Técnico Profesional.
El diagnóstico
En carreras donde los estudiantes enfrentan manuales técnicos, protocolos de seguridad y normativas regulatorias desde el primer semestre, la lectura comprensiva suele percibirse como un lujo o una pérdida de tiempo y por eso se descarta. No obstante, ocurre exactamente lo contrario: es una herramienta operativa clave para ejecutar correctamente una tarea o resolver una situación de trabajo.
Lo que muestra la evidencia
Bahloul plantea que “pese a que la formación de lectores es una de las prioridades educativas de los gobiernos, en la mayor parte de los países de habla hispana solo recientemente se ha comenzado a construir conocimiento científico sobre las prácticas de lectura de la población” (Bahloul, 2002, p. 7). Esto podría ayudar a explicar por qué, en las carreras técnicas, la lectura no se percibe como un instrumento relevante, sino como una práctica elitista.
En la misma línea, estudios como el de Juárez (2005), sobre comprensión lectora en alumnos de carreras técnicas, validan la necesidad de aplicar estrategias de lectura en aulas técnico-universitarias. Entre los problemas detectados destaca el rechazo a la lectura por la falta de estímulos significativos, ya que esta se presenta solo como una actividad evaluada y no como una experiencia con sentido.
A ello se suman la ausencia de diálogo entre pares, el escaso acceso a lecturas livianas y de interés, y la desvalorización de formatos como el cómic, factores que limitan el desarrollo de habilidades lectoras. Muchos estudiantes presentan, además, déficits en los procesos superiores de lectura, lo que evidencia la necesidad de fomentar estas prácticas en espacios seguros, como clubes de lectura o de escritura.
Cuando se aplica con rigor, la lectura guiada —con una intención pedagógica clara y sin eliminar el goce lector— permite que el docente acompañe al estudiante en la construcción de significado a partir de textos propios de su área disciplinar. En esa línea, Iser (1976) describe el acto de leer como una participación activa en la que el lector completa y construye el sentido del texto, y no como una recepción pasiva. El riesgo opuesto también existe: una guía incompleta, instalada en la carencia, genera agobio lector y dificulta tanto la comprensión como la búsqueda de información relevante.
De la lectura al desempeño técnico
En este contexto, se identifican cinco habilidades clave asociadas a la comprensión lectora:
- Recordar el significado de las palabras.
- Hacer inferencias sobre el contenido.
- Seguir la estructura de un párrafo.
- Reconocer la actitud, la intención, el tono y el estado de ánimo del autor.
- Encontrar respuestas a las preguntas planteadas.
En el ámbito técnico-profesional, estas habilidades no son abstractas: tienen consecuencias directas en el desempeño laboral. Un estudiante que no logra hacer inferencias puede ejecutar un procedimiento de manera literal, sin comprender su propósito, y cometer errores que una lectura atenta habría evitado.
Un procedimiento altamente técnico, como el de manipulación de sustancias peligrosas, exige entender sus objetivos y alcances, la secuencia de las actividades y cómo éstas se vinculan a las responsabilidades de quienes intervienen: quién autoriza, quién ejecuta y quién registra.
Del mismo modo, quien no reconoce el tono imperativo de una normativa de seguridad puede subestimar su carácter obligatorio, con riesgos reales en el lugar de trabajo: basta con leer un «debe» como un «debería» para que un requisito obligatorio termine interpretándose como opcional o condicional.
Esta capacidad resulta especialmente relevante, porque la lectura competente de textos técnicos permite transferir conocimientos a distintos contextos laborales. Actividades cotidianas como leer un contrato, una boleta o un manual se vuelven, así, fundamentales para el desempeño profesional.
Diversos autores vinculan la lectura con el desarrollo cognitivo y académico, y la destacan como parte del currículo oculto. Leer permite evaluar, contrastar ideas y cuestionar procedimientos, favoreciendo una participación activa en la sociedad. Sarland (2003) señala que la lectura abre una ventana hacia la cultura y permite construir significado de manera colectiva, potenciando las habilidades blandas de los estudiantes. Petit (2001), por su parte, sostiene que los textos más significativos son aquellos que conectan con lo inconsciente del lector, lo que subraya la importancia de la identificación emocional en la experiencia lectora.
No se trata de estigmatizar a los estudiantes, sino de entregarles herramientas que les permitan desarrollar empatía, liderazgo y comprensión.
Una apuesta por la calidad del egresado
Algunas experiencias de educación superior en la región de Atacama han incorporado la lectura en sus mallas curriculares, aunque muchas veces sin seguimiento formal. En INACAP, desde mi experiencia docente en sede he observado que instancias breves de lectura compartida (de 20 a 30 minutos) mejoran la comprensión de instrucciones, reducen errores procedimentales y fortalecen la autonomía del estudiante frente a la documentación técnica. Además, estas prácticas estimulan el diálogo entre pares y refuerzan la seguridad en el propio conocimiento, promoviendo el liderazgo y la colaboración.
Este reconocimiento no es aislado: la propia institución ha impulsado iniciativas de fomento lector a nivel nacional —como el programa «Activa tu Lectura»— orientadas a fortalecer la comprensión lectora de los estudiantes de primer año mediante estrategias de motivación y formación docente (INACAP, 2023), en coherencia con lo que aquí se plantea.
A modo de reflexión: la mediación lectora no compite con los contenidos técnicos, los potencia. Formar estudiantes que lean con propósito es formar técnicos que comprendan lo que ejecutan. Integrar esta práctica como estrategia transversal es, en definitiva, una apuesta por la calidad del egresado y por su inserción laboral efectiva.
Referencias
- Bahloul, J. (2002). Lecturas precarias: Estudio sociológico sobre los «poco lectores». Fondo de Cultura Económica.
- INACAP. (2023). Activa tu lectura: Programa institucional de fomento lector. Vicerrectoría Académica de Pregrado. https://portal.inacap.cl/w/activa-tu-lectura
- Iser, W. (1976). El acto de leer: Teoría del efecto estético. Taurus.
- Juárez, L. (2005). Estudios de comprensión lectora de alumnos de carreras técnicas [Tesis, Universidad Academia de Humanismo Cristiano].
- Petit, M. (2001). Lecturas: Del espacio íntimo al espacio público. Fondo de Cultura Económica.
- Sarland, C. (2003). La lectura en los jóvenes: Cultura y respuesta. Fondo de Cultura Económica.